Todo pasó el día 13 de enero de este año.
Desperté algo cansado, después de la depresión del día anterior. Bajo a dar los buenos días a mis padres y me reciben con un abrazo de felicitación, y yo, pensando: “¿qué?, ¿se enteraron de que acabo de ser aceptado para hacer una maestría en la máxima casa de estudios?, jeje”. Ningún abrazo largo porque yo los evado rápidamente.
Subo a mi cuarto y me pongo a leer.
Llega mi cuñado y me propone ir por unas chelas. Yo, de mala gana, acepto (tengo mucha flojera y no pienso salir con esas fachas).
Me prepara una cerveza con sangría. Es inevitable, es deliciosa. Al poco tiempo me quedo picado y quiero ir por más. Vamos por más.
Llegan los cuñados de mi hermana. Después de un buen rato me doy cuenta de mi grosería y siento culpa al no ofrecerles siquiera un vasito de cerveza. Ellos aceptan con alegría.
De fondo (y como pretexto de mi cumple), yo podía poner toda la música insoportable que quisiera, pero empiezo con algo tranquilón y “volado”: la primera parte del “Universal Migrator” de Ayreon. Después algo más pesadito con el “The Human Equation”. En el final explosivo quedo exhausto, mi corazón late rápidamente por una descarga noradrenérgica, con la voz de James LaBrie: “I am alive, I won’t look baaaaaaack….. aaaaaahhhhh!!!!”.
Un día antes estaba deprimido. Alguien me sugirió que si para mí no era importante el tiempo de vida biológico, que pensara sobre la edad de mi conciencia.
Pinche bajón. Los 21 años (sin contar los meses que estuve dentro del vientre materno) eran sólo los de un organismo en equilibrio con su medio, cada célula funcionando para cumplir su función biológica, en equilibrio con sus propias enfermedades, con los estímulos externos, para hacer una máquina perfecta, envidia de los ingenieros y artistas. La sensación de estar vivo, manifestado en el placer o el sufrimiento, cuando el corazón late más rápido o tu mente funciona con intensidad no es muy constante. Esa sensación es la conciencia. No cuentan aquellas depresiones invernales, las de cada noche, las de cada viernes, donde uno no siente nada, ni tristeza ni alegría. No cuentan aquellos estados de letargo, ni cuentan las veces en que uno está dormido.
Puta. La mayor parte de mi vida he sido un vegetal.
Después del último disco de Ayreon decido hacer catarsis con mi depresión. Pongo el “In glorious times” de los Sleepytime Gorilla Museum. Ya ando medio “flamas”. Y de nuevo el pinche bajón, en el momento que las bocinas vomitan “The Salt Crown” y “The Greenless Wreath”: “ me quiero cortar las venas con el arco de ese violín!!”. Me pongo a temblar y quiero llorar. Pero no lo hago porque todavía me da pena con los presentes. Sí, he derramado una que otra lágrima a discreción y también canto con toda el alma: “Huuuuungryyyy fooor your desperate deeeeaaaamms”.
Después los dejo reposar de mi martirio. Silencio de fondo. No recuerdo por qué razón mi madre menciona que hace 21 años había nacido. Todos se sorprenden y empiezan a abrazarme, yo de nuevo los evado, excepto por un sujeto que tiene cuerpo de osito al que abracé con mayor fuerza y ternura.
Y seguimos con más chelas. Para relajar más el ambiente pongo el “Black Sabbath”. Fumo el cigarrillo que había evitado durante un mes completo.
Para quitarle un poco de más tensión al ambiente, pongo el “Palace of Mirrors” de Estradasphere. En poco rato (por ahí de las 10) todos se tienen que ir. Y me dejan con un vaso de chela a la mitad. Bueno. Mi madre me regaña porque no he comido nada. Le digo que no lo necesito, sin recordar el porqué un borracho no tiene hambre, a pesar de que el buen ‘dozo lo explicó en la clase de farmacología.
Voy a comer por mi cuenta, cuando ya nadie está en el cuarto. Me da un chingo de sueño y me quedo jetón.
Podría parecer un día muy normalón, pero creo que ha sido el mejor cumpleaños de mi vida. Sin el servilismo y la hipocresía característicos de los presentes, sin compromisos, sólo yo conmigo mismo.
Además, ese día conocí a mi sobrina. Después de una descarga, como si hubiera conocido a la antimateria, casi me pongo a chillar. Era paradójico: yo cada día muriendo mientras ella estaba empezando una serie de eventos comúnmente llamados VIDA.

wow…vaya parece novela…me gusta u forma de expresarte y solo fue un capitulo….!!!!!!!!