En la mañana le dije que somos un mal equipo. Nos quedamos bien dormidos durante las prácticas de laboratorio, no entregamos los reportes y el trabajo de fin de semestre ni se ha planeado. Somos LA basura. Hace falta la tiranesa con su látigo.
Y el clima no me favorece. Camino, me dessssssshaaaaaago. El piso se desssssshaaaace.
Con un pacto de lágrimas prometimos ser la decadencia andante, la mierda flotante de vanguardia. Irnos a Arabia Saudita, irnos a Canadá. Crear una empresa casera para la fabricación de sustancias derivadas de la efedrina. Fumar opio hasta morir. Mandar todo a la chingada, pero eso sí: nunca dejarnos solos.
Me pregunta porqué lo sigo haciendo/me pregunto porqué lo sigo haciendo. Un amor de hermanos, dependiente y enfermo. Le dije que somos un mal equipo.
-Dime que soy un hijo de la chingada.
[Viéndolo fijamente a los ojos, con cierto rencor] -Eres un hijo de la chingada.
Sabes porqué estoy así y también sabes de lo que soy capaz, sin haberte dicho palabra alguna.
Víctor, te quiero un chingo.
Ellos hablaron