Here I go again…

…I promised myself I wouldn’t think of you today.

Perdón, pero al poner título a este post no pude evitar cantar cierta canción de Savage Garden.

No quiero llamar la atención (como siempre, los que me conocen lo han de saber), pero este post no significa que me apareceré más seguido por estos lares.

¿Deseaban que regresara con mis aventuras tragicómicas de dos pesos? Pues ahora creo que ni valen para pulp fiction. Ahora escribo para la revista del corazón, para la Eres o la Tú, para twitter… ya saben, soy dos rayitas menos interesante, complicado, con tendencia a la simplonería.

A veces duele aceptarlo, pero cuando eres feliz ya no te quieres complicar la vida. Sí, así como lo oyen: puedo decir con seguridad que soy feliz (o que al menos la mayor parte del tiempo me mantengo muy estable).

Al parecer, la gran mayoría no le toma importancia a la pregunta obligatoria de “¿Cómo estás?”. Pero yo, siendo una persona que no sabe mentir, me veía en graves problemas: no podía contestar con el arriesgado “Bien”. Si se dieron cuenta, les contestaba con un “Meh, estable…” o algo similar. Obviamente, no me sentía bien.

Durante todo este tiempo siento que he cambiado un chingo. Dicen todos que estamos en un constante cambio, de materia, energía, cosmos, y ya saben, todas esas chorradas que nos vende el new age. En mi caso, el cambio ha sido exponencial. No entraré en detalles (y dicen que las comparaciones son odiosas), pero si me comparo con el Adair de hace un año… hay una gran distancia.

Entre otras cosas, ya no me deprimo con facilidad. No, no, no. Ese círculo vicioso  que me mantenía incapacitado en cama y llorando como chica enamorada sólo le regalaba estragos a mi cuerpo.

Sin hacer la historia larga, así de la nada, mi cara se iluminó con una sonrisa. De repente me veía paseando por el césped, con los infaltables audífonos y música posable: esas pequeñas cosas que endulzan la vida y que te hacen sentir un nudo en la garganta de la felicidad. O aquellos orgasmos deductivos, al llegar a comprender el funcionamiento de un sistema altamente complejo:  una infinidad de moléculas señalizadoras, colores y números que danzan frente a tus ojos, como si estuvieras viendo a través de los ojos del mismo Dior…

Aunque no puedo negar que tengo miedo de que esto sea temporal. Vienen climas fríos y he tenido algunas recaídas leves.  Esperemos que no pase a más… y si me pongo emo, ya me verán más seguido por este blog, jejeje.

Mejor corto la comunicación (además, ya tengo que acostarme). Ya saben gente, por ahí ando.

Desde Neza, reportando para la gente ociosa: El rroto.

——

Pinche Víctor, te odio (bueno, sólo poquito), por impulsarme a escribir ésto de improviso.

Vuelvo a repetir: este post no quiere decir que me apareceré más por acá. Mejor salúdenme en la vida real, echemos el chai y veamos los colores del paisaje.

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